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‘Sweet Child O’ Mine’: 30 años del solo de guitarra más famoso de Gun N’ Roses

10/09/2018, a las 13:04

Comienza con uno de los solos de guitarra más reconocibles e imitados de la historia de la música. Sweet Child O’ Mine ya ha llegado a la treintena y sigue poniendo los pelos de punta desde el primer acorde. Fue el primer gran número uno de Guns N’ Roses en el verano de 1988, y es la canción más suave de su aclamado disco debut, Appetite for Destruction, que les permitió abrirse a un público masivo.

A pesar de la proyección de este tema, totalmente inesperado en un principio según la banda, se compuso de una manera muy improvisada. Durante un ensayo, Axl Rose tropezó ante Slash, que en ese momento afinaba la guitarra y, a modo de mofa, tocó unas notas emulando al sonido de un circo para burlarse del cantante. En ese momento, Axl escuchó la melodía y le dijo que la repitiera varias veces, le fascinó el riff y a partir de ahí compuso la letra, dedicada a su en ese momento novia Erin Everly; lo demás ya es historia. “La cosa es que esta canción fue escrita en cinco minutos. Era uno de aquellos temas más. Solo tenía tres acordes. El intro que hizo Slash al principio era un chiste porque pensábamos que esta canción iba a ser una de relleno para el álbum”, declaró Duff McKagan, bajista de la agrupación.

El vídeo muestra a la banda ensayando en un salón de baile de Huntington Beach. Todas las novias de los miembros de la banda en ese momento salen en el clip. En un principio, el concepto iba a ser otro: la historia debía ser protagonizada por una mujer asiática que llevaba un bebé a un país extranjero para después descubrir que el niño estaba muerto y relleno de heroína; una idea que el sello del grupo no tardó ni un minuto en desechar.

A fin de que el tema fuera más comercial, se recortó por este mismo sello unos minutos, la peor parte se la llevó el solo de Slash, que en las radios suena durante menos tiempo. La banda, como no podía ser de otra manera, no se lo tomó nada bien.

Guns N’ Roses sigue en activo tres décadas después. Los líderes de la banda han cambiado, el público también, pero la conexión y energía que desprenden, siguen intocables.

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